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       ARTÍCULOS: ARCHIVO

 

 


 

 

LOS DISCURSOS QUE NOS ATRAVIESAN
REPENSAR EL CONFLICTO DESDE EL
"NO MATARÁS"

por Santiago Kovadloff

   


 

 

Hay que repetirlo tantas veces como sea necesario: la lógica belicista es perversa.

Lo es, porque razona a partir de premisas éticamente inaceptables. Son las que justifican el exterminio del hombre por el hombre. Sea quien fuere el que las adopte, no hace otra cosa que camuflar sus propios crímenes, presentándolos como si no lo fueran; pretendiendo hacer creer que crímenes son los que él padece, nunca los que produce.

Se trata, claro está, de un procedimiento hipócrita y brutal. Consiste en identificar al enemigo con el mal y a sí mismo con el bien. El núcleo de la lógica belicista se reduce, en suma, al maniqueísmo.

A Israel le sobran argumentos para justificar, desde esa lógica belicista, el ataque al Líbano, el bombardeo de sus edificios, la aniquilación de su gente.

Hezbollah, respaldado por Siria e Irán, cree contar igualmente con múltiples argumentos a su favor. En nombre de ellos, y ajustándose de igual modo a los imperativos de esa lógica guerrera, golpea ciudades israelíes, practica el terrorismo dentro y fuera de Israel, como lo hizo en la Argentina; inmola vidas propias y destruye vidas ajenas. Y todo ello bajo la presunta bandera de la justicia.

Como se ve, argumentos distintos respaldan, en uno y otro caso, una misma conducta tanática.

Yo lo sé: Israel no es un Estado terrorista. Es una democracia estricta y atormentada. Pero tampoco está integrada por terroristas la inmensa mayoría del pueblo palestino. Ni son terroristas los hombres, mujeres y niños libaneses que, en estos días sin luz, están entrampados entre el cañoneo israelí y la metralla de Hezbollah.

Podríamos, no obstante, no reflexionar desde el imperativo ético y tomar partido; politizar sin más la cuestión. Vociferaríamos, entonces, según cada quien, a favor o en contra de Israel; a favor o en contra de Hezbollah.

Mi propuesta es otra. Es más ecuánime y, en esa medida, más exigente. Consiste en reflexionar desde la ética, no desde la pasión maniquea. Consiste en subordinar la argumentación -toda la argumentación- al mandamiento "No matarás". Si decidimos seguir soslayándolo, cuanto se haga estará justificado. Yo propongo restablecer su vigencia.

Se me dirá, lo sé, que con ello nada práctico conseguiremos. Se me dirá que mi propuesta no es realista. Me gustaría saber qué logro esencial se ha alcanzado desoyendo ese mandamiento. Quisiera saber adónde nos ha conducido el realismo que prescinde de él.

De modo que si optamos por pensar, por lo que se dice pensar, habrá que saltar el cerco de la lógica belicista. Eso, claro está, si se aspira a hablar de valores humanos universales. Si se prefiere al provincianismo axiológico, no será necesario. Bastará con desenfundar a tiempo y disparar con la resolución de quien encarna la verdad.


La perspectiva ética


Si se opta por la perspectiva ética, no se convalidará jamás el crimen de la guerra.

Que no sepamos vivir sin matarnos no significa que, al hacerlo, sepamos vivir. Decidirse por la primacía de la lógica de la ética, seguramente no resolverá el conflicto, pero, por lo menos, permitirá denunciar su medular mistificación ideológica e impedirá que la complicidad con el delito sea asimilada impunemente a la razonabilidad y el derecho; esa complicidad y ese delito en los que con tanta liviandad incurren quienes pretenden justificar los crímenes cometidos por uno y otro bando, concibiéndolos como actos de legítima defensa.

La lucidez indispensable no puede confabularse con la lógica belicista. No puede supeditar a sus exigencias siniestras la honestidad intelectual. No se trata de arrogarse la tenencia de una solución harto compleja y tan difícil de aplicar. Se trata, en primerísimo lugar, de salvaguardar del menoscabo esa razón moral que hace del valor sagrado de la vida su centro no negociable. Se trata de denunciar incansablemente la manipulación a que intentan someterla los intereses sectoriales esgrimidos por cada una de las partes que promueven, directa o indirectamente, esta masacre.

Nadie tiene razón donde la defensa del crimen de la guerra resulta imprescindible. Quien lo haga, tiene intereses, pasiones, pretensiones que no se atreve a presentar al desnudo y aspira a enmascarar para hacerlas pasar por lo que no son. Debemos, por eso, negarnos tantas veces como haga falta a conceder estatuto moral a las exigencias de la realpolitik .

Bien cierto puede ser que nunca se logre erradicar la práctica de la guerra. Pero lo mejor del hombre está unido a la repugnancia que le produce esa fatalidad y a la indignación y la tenacidad con que se empeña en evitarla. El pacifismo como ideal puede parecer una ingenuidad, pero el belicismo como posicionamiento es un delito.

Se me dirá y se me repetirá que con planteos como éste no se contribuirá a resolver la crisis del Líbano. Pues bien: sin planteos como éste, sólo se justificará, mediante mil subterfugios, la destrucción del Líbano y el odio a Israel.

Hay que optar. La lógica de la guerra prospera despreciando el sufrimiento que ocasiona y la preciosa singularidad de cada vida que destruye. La lógica solidaria, en cambio, se niega a hacerlo. Santifica la vida, cada vida. Que la Tierra no llegue a ser nunca un paraíso no autoriza a convalidar el infierno en que vivimos.

"En los años que vendrán -escribió
Albert Camus hacia 1950-, una interminable lucha va a desarrollarse entre la violencia y la predicación. Es cierto que las posibilidades de la primera son mil veces más grandes que las de la última. Pero yo siempre he pensado que si el hombre que tiene esperanzas dentro de la condición humana es un loco, el que desespera de los acontecimientos es un cobarde. Y, en adelante, el único honor será el de sostener, obstinadamente, ese formidable pleito que decidirá por fin si las palabras son más fuertes que las balas."

 

 

Gentileza: diario "La Nación"

Ilustración: "No matarás" de Raúl Alonso
Gentileza: Galería Zurbarán

 

 

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