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A 20 años
de su muerte, durante junio se multiplicarán en el mundo los homenajes
para rendir tributo a Jorge Luis Borges. Buenos Aires, Lisboa, Madrid, París,
Nueva York, Puerto Rico y Ginebra serán sólo algunas de las ciudades que
honrarán su obra y su memoria.
Pocos saben hasta qué punto Suiza marcó la vida del escritor argentino.
Ese pequeño país neutral, donde un Borges adolescente llegó en 1914
junto a su familia para atender la ceguera progresiva de su padre, y donde
lo sorprendieron el amor y la guerra, y pudo descubrir la solidaridad y el
respeto.
Allí encontró la fuente de inspiración para 'Los Conjurados', la última
obra literaria que el genial escritor dejó como "legado a la
humanidad".
"El milagro
secreto"
"Fue
el gran amor de mi vida. Por un lado extraño todo lo que compartíamos
juntos y lo que nos divertíamos. Y todo el afecto, la ternura, el cariño
y el amor... Pero por otro lado, es como "el milagro secreto"
(yo lo llamo así), porque a lo largo y a lo ancho del mundo, toda la
gente que nos conoció juntos lo recuerda, y me lo recuerda, con enorme
cariño"
"Entonces, de algún modo, con todos estos homenajes que se hacen
siempre en torno a su obra y a él, me da la sensación (aunque sé que ha
partido) que está de algún modo con nosotros, pero de otra manera",
dice emocionada Kodama, desde París, ciudad donde se prepara a partir a
Suiza para asistir al tributo que dará a Borges la Sociedad de Lectores
de Ginebra.
Aunque hoy estos actos están colmados de satisfacciones, no siempre fue
así:
"Borges era una figura muy polémica, y aún después de 10 años de
su muerte, cuando yo iba a dar una charla o conferencia sobre él a otro
país, siempre aparecía alguien que decía 'soy argentino' y lo
cuestionaba"
"Era como si me arrojaran el guante a la cara y empezaban a
cuestionarlo. Entonces yo, en lugar de dar la conferencia, tenía que
ponerme a explicar porqué no era así. Pero eso fue pasando, y ahora, a
veinte años de su muerte, ya no sucede y está todo en armonía. Y creo
que, en parte, debido a mi infinita paciencia" explica Kodama, actual
presidenta de la 'Fundación Internacional Jorge Luis Borges'
Mujer,
compañera, esposa...
Kodama llegó
a Borges cuando tenía apenas 12 años, de la mano de un amigo de su padre
que la llevó a escucharlo en una conferencia, porque como ella quería
escribir y estudiar literatura, pensaron que debía conocer a ese
escritor, a quien admiraban tanto.
"Y después, cuando tenía 16 años, empecé a estudiar con él, como
alumna. Y luego el tiempo fue transcurriendo y se fue tejiendo otra
historia muy linda...", agrega apresurada.
Por entonces, la joven no imaginaba que Borges iba a ser el amor de su
vida, pero su intuición de niña ya le había dado señales que no
llegaba a comprender:
"Sabía que era algo especial. Cuando una profesora mía –que se
suponía que tenía que enseñarme inglés, pero que finalmente me enseñó
muchísimas cosas de la vida, pero no inglés- me leyó uno de los dos
poemas ingleses de Borges y, aunque yo no entendía, me quedó como una música.
Algo que, sin saber por qué, estaba en armonía conmigo."
¿Cómo
era un día compartido con Borges?
"Lo
divertido era que él era muy inesperado: a veces quería dictar, otras
escribir, otras leer... Estudiábamos siempre y nos divertíamos muchísimo.
Por ejemplo, alguien conseguía los textos del islandés, del anglosajón,
y disfrutábamos con eso! También íbamos al cine, caminábamos, íbamos
a comer... en fin, ¡lo que hace todo el mundo!"
"Pero el matiz está dado no por lo que se hace, sino por la forma en
que se hace, en la intensidad que se le pone a las cosas. Creo que eso es
lo que hace la diferencia entre vivir con Borges o con cualquier otro señor.
Simplemente porque el matiz, la sensibilidad, las palabras que se eligen
para decir las cosas son totalmente distintas aunque la cotidianeidad sea
la misma."
Suiza,
modelo y legado
Los
Borges habían llegado a Suiza acompañando a Jorge Guillermo, el padre
del escritor, para someterse a un tratamiento oftalmológico.
Sin embargo, el estallido de la Primera Guerra Mundial cambia los planes
familiares y se ven obligados a establecerse en Ginebra, donde Borges
cursa tres años del bachillerato en el Lycée Jean Calvin y estudia francés
y alemán, idiomas que le permiten ampliar sus lecturas y descubrir, entre
otros, a Schopenhauer y Nietzsche.
Atrapado en una ciudad ajena, donde no conocía el idioma y viviendo una
guerra sangrienta que no comprendía, el escritor argentino vio su vida
marcada por esos años:
"En Suiza había aprendido la tolerancia. Él vio como recibían a
los refugiados de la Primera Guerra Mundial en Ginebra y eso lo marcó
para toda la vida. Digamos que su último libro 'Los Conjurados' es como
su testamento literario para la humanidad, como él mismo decía",
explica Kodama, y asegura:
También me contó, muchos años después, que sus compañeros de curso
intercedieron por él ante el profesor del colegio donde asistía en
Ginebra para que no le exigiera tanto porque era extranjero y apenas conocía
el idioma francés. En esas cosas él sentía una enorme solidaridad, algo
que tampoco olvidó"
"Borges decía que Suiza era un ejemplo para el Mundo porque es un país
que se ha formado con gente que conserva la individualidad de su idioma y
de su religión, respeta eso, vive en armonía y formó un país, por la
inteligencia y por la razón."
"Y justamente, al final de 'Los Conjurados' dice que él sabe que
pedir eso para la humanidad es prácticamente imposible, pero que ojalá
él sea profético y eso llegue algún día para la humanidad: una
convivencia respetando las diferencias."
"En Suiza Borges podía ser él mismo", concluye con firmeza.
Gentileza de: http://www2.swissinfo.org
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