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swissinfo:
¿Elige realmente Borges ir a morir a Ginebra?
María
Kodama: Ginebra era la ciudad en la que él estudió y a la que
valoraba sobre todo por el respeto. Para él Suiza tenía una ética
y un respeto que habían dejado de existir, algo que él no podía
soportar. Él quería morir en paz, con la persona que él quería,
como muere cualquier persona normal.
De algún modo lo que él quería lo estaba diciendo en 'Los
Conjurados'. Allí decía lo que sentía por Suiza, lo que reconocía
en ese país y que deseaba para la humanidad que siguiera los pasos
de Suiza.
Ginebra fue un hecho íntimo y personal que nada tuvo contra nadie.
Creo que es como que él quiso, como con su último libro, marcar un
camino.
swissinfo:
¿No encontraba ese respeto en Argentina?
MK:
Él había quedado muy sensible e impresionado con esa famosa foto
de Balbín, que le sacaron cuando estaba en terapia intensiva y que
luego la enfermera declaró que le habían pagado para sacarla, para
él eso fue terrible.
Y el respeto por la intimidad, que era lo que más quería para él,
lo encontraba en Suiza.
swissinfo:
¿Recuerda cómo fueron esos últimos meses en Ginebra?
MK:
Nosotros llegamos después de una gira triunfal que Borges hizo por
Italia, que fue espléndida porque fue el último homenaje que
recibió en vida como escritor y como persona.
Allí pudo asistir a una retrospectiva en Milán de Henry Fuseli,
que lo emocionó muchísimo porque era un artista plástico que él
admiraba, sobre todo su obra 'La pesadilla', que había podido
apreciarla cuando todavía podía ver. También estuvimos en la Ópera
de Milán y luego tuvo un encuentro con intelectuales de toda
Europa. Después fuimos a Suiza.
swissinfo:
¿Qué cosas le resultan inolvidables de aquellos días?
MK:
¡Hay tantas cosas de las que una no puede olvidar! Muchas son muy
íntimas, que no se pueden comentar...
Pienso que el hecho que nunca podré olvidar es esa forma
maravillosa de afrontar el fin de su vida. Creo que con él no sólo
aprendí muchísimas cosas como el anglosajón y el finlandés, sino
que aprendí muchas cosas de la vida, y eso es muy importante como
para no olvidarlo nunca.
swissinfo:
¿Borges tenía algún amigo particular en Suiza?
MK:
Él tenía dos amigos muy queridos, que eran de la época de
estudiante, a los que yo conocí, pero que murieron muy próximos a
él: Maurice Abramowicz y Simon Jichlinski. Eran compañeros del
Colegio, y cada vez que íbamos a Ginebra charlábamos con ellos,
salíamos a comer... fue una amistad muy linda.
swissinfo:
¿Tenían algún lugar preferido en Ginebra?
MK: A
Borges le gustaba, sobre todo, ir a caminar por la ciudad vieja,
porque era exactamente igual a cuando él había vivido allí y la
sabía de memoria. Hasta sabía las escaleras que había que bajar
para ir hasta el café.
Para él era muy lindo estar ahí. Era fantástico ver como la gente
lo reconocía -y yo me daba cuenta porque me miraban y me sonreían,
pero seguían su camino-, y yo le comentaba y a él le gustaba
porque era como el reconocimiento, pero no la invasión.
swissinfo:
Al principio, cuando era más joven, Borges hablaba mal de Suiza, y
luego pasó a admirar y venerar ese país. ¿Cómo se explica?
MK:
Eso que pasó es muy divertido. Porque él siempre decía que en el
momento que se fue de Suiza, criticarla era su forma de protegerse.
Él me decía que cuando se necesita un cambio porque es obligatorio
o forzado, como fue su caso cuando debió irse de Suiza, lo mejor es
pensar como cuando a uno le amputan un miembro: o acepta morir de
gangrena o acepta la amputación.
Entonces él debía 'cortarse a Suiza' para no estar con la
nostalgia o la sensiblería, porque eso no lleva a nada. Y si uno
necesita pensar en negativo durante un tiempo, para protegerse, lo
piensa. Y eso le sirvió, porque lo superó al punto de decir
"Suiza es una de mis Patrias".
swissinfo:
Si le pido que me regale una "postal" de usted y Borges de
los últimos días en Ginebra, ¿cómo sería?
MK:
Nosotros dos caminando, y él maravillado, una vez más y después
de tanto tiempo y de tantas veces de estar allí, ante el 'Jet
d'eau', el famoso chorro de agua que surge imponente del lago de
Ginebra. Escuchando el ruido del agua y recreando su imagen en el
recuerdo.
swissinfo:
Ahora vuelve a Ginebra para un homenaje por el 20 aniversario de su
muerte, ¿Cuánto moviliza estar 20 años después, de regreso, en
el mismo lugar donde despidió al maestro y al amor?
MK:
Al amor no lo despedí porque sigue intacto. El amor no se despide
nunca cuando es real.
Cuando Borges murió, un periodista español me preguntó qué
significaba él para mí y, muy tocada por la pregunta y venciendo
mi pudor, pude encontrar en un pasaje de la Ilíada una frase que
Andrómaca le dice a Héctor para retenerlo. Cuando sabe que Héctor
va a luchar con Aquiles e intuye que va a morir, ella dice algo que
para mí fue la perfecta definición del amor:
"Héctor, tú eres para mí mi padre y mi señora madre y mis
hermanos, pero por sobre todas las cosas eres el amor que florece,
eres todas las cosas". Eso es lo que Borges fue y seguirá
siendo para mí, 'for ever, and ever... and a day'
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