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Borges introduce en sus relatos de un
modo deliberado un cúmulo de referencias y de citas. Su narrativa
constituye una verdadera encrucijada de hipótesis y de teorías. La
lectura de su obra -aunque Genette imagine la crítica de Borges realizada
por los compiladores universitarios semejante a la más desesperada de las
empresas- (1) sólo aparentemente descansa en la erudición.
La visión de su literatura como un
espacio homogéneo y reversible, la percepción polifónica de su obra,
está apoyada esencialmente en un recurso contrapuntístico. En la
combinación simultánea de voces o partes, cada una independiente, pero
que conducen todas a una textura coherente y uniforme.
Punto y contrapunto es el recurso que
articula y da forma a toda su literatura narrativa. Esta técnica se
relaciona con el género, el diseño y el sentido. También con la lengua.
En lo que se refiere al género, sus ficciones son historia, sus
narraciones incluyen acciones dramáticas o se confunden con el ensayo.
Las líneas temáticas se contraponen o se combinan yuxtaponiéndose. Su
estilo, como el mismo Borges señala en el Barroco, "deliberadamente
agota (o quiere agotar) sus posibilidades"(2). El rigor y la perfección
formal de sus relatos se apoya en la búsqueda de lo inesperado; su
aspiración es sorprender al lector.
El interlineado se manifiesta de múltiples
formas. Las referencias, exposición y alusiones a distintas doctrinas
filosóficas y teológicas aparecen en muchas si no en la mayoría de sus
narraciones. Esas teorías postulan distintas interpretaciones del hombre
y del mundo y determinan, a su vez, la naturaleza del relato.
En Tlön, Uqbar, Orbis Tertius Borges
aventura que el universo quizás esté ordenado "pero de acuerdo con
leyes divinas -traduzco: con leyes inhumanas- que no acabamos nunca de
percibir"(3). El universo es un problema insoluble, un enigma, y el
universo del relato se presenta igualmente enigmático. Cada una de sus
historias se ramifica indefinidamente; cada cita, sea ésta cierta o apócrifa,
provoca un sinnúmero de interrogantes. Sus juicios compendian una
información que siempre remite a otra cosa.
Ante la situación misma de la
lectura de una obra de Borges el problema que se nos plantea -casi de
antemano- es el del género. ¿Ficción o Historia Universal de la
Infamia? Borges introduce un tiempo histórico en el tiempo de muchas
de sus narraciones. El relato, cada uno de sus relatos, deliberadamente
nos enfrenta a priori con el problema del género.
En Hombre de la esquina rosada
la acción dramática, por momentos, se superpone a lo meramente narrativo
hasta articular un tiempo y un espacio nítidamente teatrales. En Tema
del traidor y del héroe el narrador se refiere a una historia que
resulta una acción dramática escrita por uno de los personajes.
Shakespeare está asimismo incorporado al relato. Kilpatrick, su
protagonista, es asesinado en un teatro y él mismo es actor de su propia
muerte.
Tema del traidor y del héroe
incluído en Ficciones yuxtapone una serie de técnicas que
caracterizan a otros tantos géneros literarios: un comienzo que recuerda
el de los diarios personales, algunas fórmulas propias del relato oral,
recursos estilísticos de la lírica, así por ejemplo el uso de la anáfora,
de la enumeración, de los paralelismos, etc.
Las técnicas del relato policial -un
enigma a resolver, una víctima, un victimario y algunas pistas- son
notorias en El jardín de senderos que se bifurcan y en La
muerte y la brújula, entre otros. En Tema del traidor y del héroe
leemos "el enigma rebasa lo puramente policial"(4). Las
formas del ensayo -"fortuna y juego le son esenciales", al decir
de Adorno (5)- caracterizan algunas de sus más famosas narraciones: Pierre
Menard, autor del Quijote, Examen de la obra de Herbert
Quain, Tres versiones de judas y muchas más. Lo fantástico,
"esa vacilación experimentada por un ser que no conoce más que las
leyes naturales"(6), aparece en El inmortal, El sur (al
menos, es una de sus interpretaciones posibles), La escritura del Dios.
El diseño en Borges, al igual que el
género, se apoya en un contrapunto de referencias y citas que estructuran
el relato. Algunas de ellas de difícil o imposible comprobación; otras,
decididamente apócrifas y dispersas casi siempre en páginas plagadas de
precisiones verificables. La simple lectura nos plantea la dificultad de
decidir dónde Borges se atiene a la verdad y dónde la falsea. El buen
lector de ficciones debe prestarle fe para no quebrar el encanto del
relato. Los críticos universitarios distinguirán el alcance del
interlineado.
El contrapunto del diseño puede
complicarse casi infinitamente. Tema del traidor y del héroe
comienza con una cita del poema de W.B. Yeats The Tower. Un lector
ingenuo dificilmente pueda advertir que "All men are dancers and
their tread/ Goes to the barbarous clangour of a gong"(7)
("Todos los hombres son bailarines cuyos pasos/ conducen al bárbaro
clamor de un gong"), además del acierto estético de la metáfora en
relación con la historia, esa cita contiene de modo implícito una serie
de datos que reclaman su muy improbable información.
El poeta irlandés William Butler
Yeats (1865-1939) es autor de un ensayo sobre Parnell (8), el líder
irlandés acusado de mantener relaciones con una mujer casada. Algo de
esas páginas de Yeats sobre Parnell parece subyacer en la narración de
Borges.
Borges nos cuenta la historia de un héroe-traidor
que sucede en Dublin. En esa historia también confrontan Irlanda e
Inglaterra y, sobre todo, existe en ella la revelación de una verdad. La
decisión de ocultarla o mostrarla alterará la historia. Ryan decide
ocultarla y su silencio permite la glorificación del traidor Kilpatrick.
Yeats cuenta cómo Harrison, la principal fuente de información de los
periódicos irlandeses, en su libro, devuelve a Parnell su estatura de
hombre.
Todas estas referencias a una
historia real que ofrece algunas similitudes con la trama del relato no
pueden deducirse de la simple lectura del nombre de Yeats, autor de los
versos que sirven de epígrafe. Sin embargo, subrayan que no hay en la
obra de Borges ningún recurso inocente, en ella nada es indeliberado.
Todos los nombres y los autores que cita tienen relación con la historia.
Al contrapunto que abre el relato se
le suma tal como lo enuncia el narrador en la primera línea la referencia
a Chesterton. Este es autor de La muestra de la espada rota en el
que se refiere la historia de St. Clare sometido a juicio en mitad del
desierto y ejecutado para limpiar el honor de Inglaterra y el de la hija
de un general. Sus verdugos se conjuran para callar por siempre aunque las
estatuas del traidor "entusiasmen por siglos"(9). St. Clare,
gracias al silencio de sus verdugos será considerado un santo y la verdad
nunca será revelada aunque se trate de un canalla.
Existen otros ecos reconocibles. La
estatua que se menciona en el relato de Chesterton también se repite en
la historia de Kilpatrick, "su estatua preside un cerro gris entre ciénagas
rojas"(10).
Otras voces surgen luego como la del
"que inventó la armonía preestablecida" (el consejero áulico
Leibniz (1646-1716)" (11). Para Leibniz Dios ha hecho desde el
principio al alma y al cuerpo, a cada una de estas dos sustancias, de una
naturaleza tal, que, siguiendo sólo sus propias leyes, que les han sido
otorgadas junto con su ser, concuerdan una con la otra, como si hubieran
recibido un mutuo influjo o como si Dios pusiera continuamente su mano.
También la de Robert Browning
(1812-1889). "Su obra es enigmática" ha dicho Borges. En el
poema El anillo y el libro los diez protagonistas, incluídos el
asesino y la víctima cuentan la historia de un crimen y cada uno de ellos
cree que su acción ha sido justa. Browning es mencionado junto a Victor
Hugo (1802-1885) quizá porque fueron contemporáneos, quizá porque la
poesía de Browning, por momentos parece asemejarse a la de Hugo, más
probablemente porque ambos pudieron escribir sobre Parnell. En el relato
de Borges aparecen unidos por el nombre de Fergus Kilpatrick.
Este interlineado se enriquece,
asimismo, con los nombres de Jean Antoine marqués de Condorcet (filósofo,
matemático y político francés 1743-1794) autor de Bosquejo de un
cuadro histórico de los progresos del espíritu humano, una historia
decimal, como la califica Borges, concebida como un progreso indefinido
pero en la que excepcionalmente pueden existir regresos. Con el de Hegel
(1770-1831) que aunque en su filosofía de la historia sostiene que los
acontecimientos históricos son irreversibles y autónomos, señala que en
la naturaleza las cosas se repiten. Con el de O. Spengler (1880-1936)
autor de la teoría de las cuatro edades de la cultura que reconoció
haber sido influído por Nietzsche y por Goethe y que concibe las culturas
como organismos biológicos sometidos, por su propio desgaste interno, a
consunción y decadencia. Con el de Giovanni Battista Vico (1668-1744)
para quien la historia particular transcurre de acuerdo con una historia
eterna ideal. En virtud de la Providencia esas historias particulares no
pueden salirse de su cauce eterno que consiste en la invariable repetición
de tres edades. Por último Hesíodo, autor de Los trabajos y los días,
quien anuncia un ciclo de cinco edades que llegado a su punto más bajo
volvería a repetirse.
Esta técnica, como vemos, a través
de nuestra rápida enunciación, incluye muchas voces. Sin embargo, en esa
combinación simultánea se destacan con mayor nitidez algunas de ellas:
las de Yeats, Chesterton y Shakespeare que reflejan las de Parnell, St.
Clare y Julio César. Borges señala las de Macbeth, Julio César y los
Festspiele suizos. Nosotros descubrimos las de Harrison, Ryan y el padre
Brown. Descubrimos también que Kilpatrick reúne a Parnell, St. Clare y
Julio César y que Borges alude a Shakespeare Chesterton y Yeats.
Pero este perspectivismo casi
infinito del diseño se conjuga con "ciertas palabras de un mendigo
que conversó con Fergus Kilpatrick el día de su muerte"(12)
prefiguradas por Shakespeare en la tragedia Macbeth. No existen
mendigos en Macbeth pero sí tres brujas que profieren "Fair
is foul and foul is fair"(13) (El justo es vil y la vileza es justa).
La vileza une a Kilpatrick y a Macbeth; las palabras se tornan proféticas.
Quizá hayan sido éstas las palabras del mendigo.
Kilpatrick, al igual que Julio Cesar,
recibió un mensaje que le advertía el riesgo de concurrir al lugar donde
encontraría la muerte. De la misma manera, el derrumbamiento de la torre
en homenaje a César, soñado por Calpurnia, y el incendio de la torre de
Kilgarvan son presagios de homicidio.
Estamos ante un contrapunto
invertible donde la voz superior y la inferior cambian de lugar sin
quebrar la polifonía del diseño. Ese diseño debe, sin embargo, apuntar
a un sentido que pone de manifiesto un tejido uniforme y apretado de
conjeturas, citas y referencias.
Lo que se nos dice es que la realidad
es una conjetura. Nuestras lecturas ensayan vanamente versiones. Así, por
ejemplo, en El jardín de senderos que se bifurcan traidor y héroe,
perseguidor y perseguido se alternan infinitamente. Yu Tsun y Stephen
Albert son de modo indistinto, uno y otro, traidor y héroe, perseguidor y
perseguido. En la obra de Borges no sólo se declara la incognoscibilidad
del mundo, también se niega la unidad del yo. Por otra parte, el heroísmo
y su contrapartida, la traición, gravitan de un modo insistente en la
narrativa de Borges. En La forma de la espada el traidor Moon nos
dice de sí mismo "me abochornaba ese hombre con miedo, como si fuera
yo el cobarde, no Vincent Moon. Lo que hace un hombre es como si lo
hicieran todos los hombres. Por eso no es injusto que una desobediencia en
un jardín contamine al género humano; por eso no es injusto que la
crucifixión de un solo judío baste para salvarlo. Acaso Schopenhauer
tiene razón: yo soy los otros, cualquier hombre es todos los hombres,
Shakespeare es de algún modo el miserable John Vincent Moon" (14).
En Tema del traidor y del héroe
el sentido señala un narrador que cuenta como otro narrador, Ryan, se ha
"dedicado a la redacción de una biografía"(15), la de Fergus
Kilpatrick, asesinado en un teatro. A Ryan lo inquietan circunstancias de
carácter cíclico y ciertos paralelismos que le recuerdan a Shakespeare.
Piensa en un dibujo de líneas que se repiten. Sabe que James Alexander
Nolan, amigo de Kilpatrick, es traductor al gaélico de los dramas de
Shakespeare y autor de un ensayo sobre los Festspiele. Sabe que Fergus
Kilpatrick antes de morir firma la sentencia de muerte de un traidor cuyo
nombre se ha borrado. Ryan investiga y "descifra el enigma"(16).
Kilpatrick fue ultimado en un teatro
pero toda la ciudad era el teatro. Nolan había descubierto que el traidor
de los revolucionarios era su mismo jefe: Fergus Kilpatrick. Los
conjurados condenan al presidente que firma su propia sentencia. Nolan,
para que no se viese comprometida la rebelión, oculta la felonía de
Kilpatrick. Nolan propone que Kilpatrick muera a manos de un asesino
desconocido. Plagia a William Shakespeare, repite escenas de Julio César
y Macbeth. Esa muerte alude también a la de Lincoln. Ryan silencia el
descubrimiento y publica un libro dedicado a la gloria del héroe.
El contrapunto se establece en dos
registros: por un lado un narrador que descubre a otro, Ryan, que, a su
vez, descubre y oculta a otro: Nolan. Ryan silenciará asimismo su propio
descubrimiento. Y en el segundo registro, encontramos una tragedia que
plagia a Julio César, a Macbeth y a los Festspiele y que recuerda la de
Lincoln.
Las tres versiones de Judas
propone la redención del traidor de los traidores mediante distintas
interpretaciones que justifican de un modo u otro la conducta de Judas y
lo tranforman en una suerte de mártir.
Borges en Los teólogos nos
cuenta la historia de Aureliano de Aquilea y de Juan de Panonia. Ambos
combaten las herejías de su tiempo y son rivales entre sí. Los éxitos
de Juan de Panonia han suscitado los celos y el rencor de Aureliano.
Cuando se produce la herejía de los anulares, que sostenía el carácter
cíclico del tiempo, la eterna repetición de los hechos y las cosas, Juan
de Panonia y Aureliano de Aquilea emprenden simultáneamente su refutación.
El éxito del trabajo realizado por Juan de Panonia agrava los celos de
Aureliano. Muchos años después surge una nueva herejía, la de los
histriones. Mientras Aureliano prepara su dictamen para combatirla
reproduce los términos de la herejía en palabras que resultan ser las de
Juan de Panonia al refutar la de los anulares. Aureliano señala
oblicuamente en su escrito esta circunstancia. Lo que pierde a Juan de
Panonia es la cita de sus palabras aplicadas a otro contexto donde
resultan heréticas. Esto lleva a Juan de Panonia a la hoguera. Aureliano,
tiempo después, sufre una muerte similar en el incendio de un bosque. Al
llegar al cielo, Aureliano comprende que para Dios él y Juan, el hereje y
el ortodoxo, son una misma persona.
El contrapunto en este relato se
complica. Un mismo discurso, una misma voz, tiene significados totalmente
opuestos. En un primer caso, representa el paradigma de la ortodoxia, en
el otro caso, merece el anatema y la hoguera. La otra línea se establece
con el contrapunto entre los dos teólogos, ese contrapunto de rivalidad
se desarrolla a partir de una misma ortodoxia, que, a su vez, está en
relación también contrapuntística con las herejías.
Es difícil llevar el relativismo más
lejos. La ortodoxia parece depender aquí del tiempo y de las
circunstancias. La afirmación ortodoxa de Juan de Panonia contra los
anulares se convierte, años después, al producirse la herejía de los
histriones, en anatema.
La enemistad entre Juan y Aureliano,
su lucha sorda, no es sino un contrapunto que se resuelve para la mente de
Dios en un solo ser. Una de las tantas herejías que circulaban sostenía
que todos los hombres son dos; ambos, Juan y Aureliano, la habían
combatido.
Las citas y nombres falsos y
verdaderos forman parte de ese esquema contrapuntístico que domina muchos
de los relatos de Borges. Todo apunta a señalar la imposibilidad de la
certeza. Todo parece señalar la nada.
Algunos críticos han afirmado con
insistencia el carácter lúdico de la narrativa de Borges. Esa observación
es cierta pero sólo a condición de que se advierta que ese sentido de
puro juego, refleja con rigor, una lectura del mundo actual con la que
coinciden los más grandes escritores de nuestro siglo. La literatura
actual muestra que la unidad del yo en el nivel histórico y en el nivel
personal aparece cada vez más precaria y huidiza, que la temporalidad
lineal se quiebra también, que lo que se percibe es el tiempo de la
caducidad, que las mismas palabras parecen estar situadas ante el abismo
de la crisis. Nietzsche en El Caso Wagner señala: "La vida ya
no reside en la totalidad de un todo orgánico y completo."(17)
Nietzsche ha sido el profeta de esa mala nueva.
La literatura de Borges, al mismo
tiempo, ha reflejado estéticamente rasgos muy profundos de la realidad
argentina. Este aspecto de su obra ha sido soslayado por buena parte de la
crítica. Señala Rey Beckford que "La obra narrativa de Borges
ilumina un mundo fungible onírico. Un mundo donde el pensamiento sólo se
manifiesta como arbitrario ordenador y no conduce a la verdad, donde la
esencia de la razón se revela como ferocidad destructora que se destruye
. . . Este sentimiento de espanto ante la creación es el reconocimiento
de la desdichada aventura de una razón abandonada a su pura
negatividad" (18).
¿Cuál es el sentido entonces de la
intertextualidad en Borges? Las citas de autores, las breves referencias a
teorías distintas y hasta opuestas versan sobre interpretaciones o
postulaciones de la realidad. Esta multiplicidad pone de manifiesto que el
mundo admite infinitas interpretaciones y ninguna. La intertextualidad
parece remitir siempre a la impotencia del conocimiento y a la nada que el
mundo puede llegar a ser para quien advierta esa impotencia
Es por consiguiente a través de la
superabundancia de referencias que el contrapunto del sentido se convierte
en polifonía, una polifonía que nos devuelve a una zona de perplejidad,
a la percepción nítida del misterio.
El carácter provisional, contrapuntístico,
de las versiones, interpretaciones y teorías que se disputan el mundo en
la obra de Borges contamina la textura de estas narraciones y convierten
al relato en conjetura de conjeturas, en espejo de la soledad del hombre
de nuestra época.
NOTAS
- Gerard Genette, De figuras. Retórica y
estructuralismo (Córdoba: Editorial Nagelkop, 1970).
- Jorge Luis Borges, "Prólogo a la edición de
1964", Historia Universal de la Infamia, Obras
Completas (Buenos Aires: Emecé, 1974).
- Jorge Luis Borges, "Tlön, Uqbar, Orbis
Tertius", Ficciones, Op. cit.
- Jorge Luis
Borges, "Tema del traidor y del héroe, Ficciones, Op.
cit.
- Theodor W
Adorno, Notas de Literatura (Barcelona: Ediciones Ariel, 1962).
- Tzvetan
Todorov, Introducción a la Literatura Fantástica (Barcelona:
Ediciones Buenos Aires, 1982).
- Jorge Luis
Borges, "Tema del traidor y del héroe", Op. cit.
- William
Butler Yeats, Essays (Londres: Mac Millan, 1961).
- Gilbert K
Chesterton, "La muestra de la espada rota", Obras
Completas (Plaza y Janés Editores, 1967/1970).
- Jorge Luis
Borges, Tema del traidor y del héroe, Op. cit.
- idem.
- idem.
- William
Shakespeare, (1985) "Macbeth", The complete works
(New York: Gramercy Books, 1985).
- Jorge Luis
Borges, "La forma de la espada", Ficciones.
Op. cit.
- Jorge Luis
Borges, "Tema del traidor y del héroe", Op. cit.
- idem.
-
Friedrich
Nietzsche, "El caso Wagner", Ecce Homo
(Madrid: Alianza, 1980).
-
Ricardo
Rey Beckford, "Jorge Luis Borges: el sentido de la
violencia". La Prensa (Buenos Aires: 26 de agosto de
1979).
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